Otros que no son caldereros
Para buena parte de los hispanos un “húngaro” es un tipo raro, de ropa exótica, nómade, trotamundos, y que en general se dedica a la compra y venta. Viaja en grupo, en una especie de banda paleolítica, y habla una lengua ininteligible. Es alegre y bochinchero, no muy de fiar. Ejemplos del mito hay muchos, algunos cristalizados en el sentir popular como “Los caldereros de la Hungría” de Donostia. Para este número de la revista nos pusimos la tarea de buscar empresas húngaras en el extranjero, y para nuestra sorpresa no dimos con ninguna que respondiese al modelo anterior, al menos no exactamente.
Sí encontramos de los que venden cosas usadas a otros países, o de los que se aprovechan de la mano de obra barata y bien calificada que todavía queda en Hungría para instalarse en mejores latitudes, e incluso de los que venden tecnología punta. No se puede negar que los húngaros tienen una larga tradición en el ámbito de los descubrimientos y la creatividad, que al parecer no se deja amedrentar por la crisis y la pauperización del país. Un claro ejemplo de ello, a nivel local es la nueva propuesta del gobierno de refinanciar las hipotecas en divisas.
Según el nuevo proyecto los bancos estarían obligados a permitir a sus deudores cancelar sus deudas en divisas a cotizaciones hoy extintas. Las hechas en francos suizos se harían a 180 Ft. y las de euros a 250 Ft. De esta manera los hipotecados deberían salir a buscar nuevas líneas de créditos, en forintos, para refinanciar la deuda. La pregunta es si los bancos abrirán sus congeladas líneas de crédito y en qué términos. En definitiva ¿quiénes se podrán beneficiar de esta nueva propuesta del gobierno? Porque la crisis que arrastramos desde 2008 ha dejado mucha gente en la calle, con contratos inseguros o simplemente súper endeudada.
Imagen: Rita Fazakas